Saturday, July 31, 2010

El Papa agradece un film sobre los cinco años de su pontificado

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En este momento puedo solo decir gracias a la Radio Bávara por este viaje espiritual extraordinario, que nos ha permitido revivir y volver a ver momentos determinantes y culminantes de estos cinco años de mi servicio petrino y de la propia vida de la Iglesia misma.

Ha sido para mi personalmente muy conmovedor ver algunos momentos, sobre todo ese en el que el Señor impuso sobre mis espaldas el servicio petrino. Un peso que nadie podría llevar por sí mismo solo con sus fuerzas, sino que se puede llevar solo porque el Señor lo lleva y me lleva. Hemos visto en esta película, me parece, la riqueza de la vida de la Iglesia, la multiplicidad de las culturas, de los carismas, de los diversos dones que viven en la Iglesia y cómo en esta multiplicidad y gran diversidad vive siempre la misma, única Iglesia. Y el primado petrino tiene esta misión de hacer visible y concreta la unidad, en la multiplicidad histórica, concreta, en la unidad de presente, pasado, futuro y de la eternidad.

Hemos visto que la Iglesia también hoy, aunque sufra tanto, como sabemos, con todo es una Iglesia gozosa, no es una Iglesia envejecida, sino que hemos visto que la Iglesia es joven y que la fe crea alegría. Por ello he encontrado muy interesante, una bonita idea, la de insertar todo en el marco de la novena sinfonía de Beethoven, del “Himno de la alegría”, que expresa cómo detrás de toda la historia está la alegría de la redención. He encontrado también hermoso que el film termina con la visita a la Madre de Dios, que nos enseña la humildad, la obediencia y la alegría de que Dios está con nosotros.

Un cordial “Dios se lo pague” a usted, querido señor Fuchs, querido señor Mandlik y a todos sus colaboradores, por este magnífico momento que nos ha dado.

(Palabras al culminar la proyección del film "Cinco años del Papa Benedicto XVI”, en la Sala de los Suizos del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, 30-7-2010)

Monday, July 26, 2010

Padrenuestro: Rezar como Jesús para ser cada vez más hijos de Dios

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Jesús nos enseña a rezar con una oración sencilla

El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús recogido en oración, algo apartado de sus discípulos. Cuando terminó, uno de ellos le dijo: "Señor, enséñanos a orar" (Lucas 11, 1). Jesús no puso objeciones, no habló de fórmulas extrañas o esotéricas, sino que con mucha sencillez dijo: "Cuando oréis, decid: Padre...", y les enseñó el Padrenuestro (Cf. Lucas 11, 2-4), tomándolo de su misma oración, con la que se dirigía a Dios, su Padre. San Lucas nos refiere el Padrenuestro de una forma más breve que en el Evangelio de san Mateo, que ha pasado a formar parte del uso común. Nos encontramos ante las primeras palabras de la Sagrada Escritura que aprendemos desde niños. Se imprimen en la memoria, plasmando nuestra vida, nos acompañan hasta la última respiración. Revelan que "no somos todavía de manera plena hijos de Dios, pero tenemos que llegar a serlo cada vez más a través de nuestra comunión más profunda con Jesús. Ser hijos es equivalente a seguir a Cristo" (Benedicto XVI, "Gesù di Nazaret", Milán 2007, p. 168, "Jesús de Nazaret", La esfera de los libros).

Debemos pedir por encima de todo la amistad con Dios siguiendo el ejemplo de los santos

Esta oración acoge y expresa también las necesidades materiales y espirituales: "Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas" (Lucas 11, 3-4). Precisamente a causa de las necesidades y dificultades de cada día, Jesús exhorta con fuerza: "Os aseguro: pedid y se os dará, busca y encontraréis, llamad y se os abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre" (Lucas 11, 9-10). No es pedir para satisfacer los propios gustos, sino más bien para mantener la amistad con Dios, quien, como dice el Evangelio, "dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan" (Lucas 11, 13). Lo han experimentado los antiguos "padres del desierto" y los contemplativos de todos los tiempos, convertidos, por la oración, en amigos de Dios, como Abraham, que pidió al Señor que salvara a los pocos justos del exterminio de la ciudad de Sodoma (Cf. Génesis 18, 23-32). Santa Teresa de Ávila invitaba a sus hermanas, diciendo: tenemos que suplicar a Dios que nos libere de todo peligro para siempre y que nos aleje de todo mal. Y por más imperfecto que sea nuestro deseo, esforcémonos por insistir en nuestra petición. ¿Qué nos cuesta pedir mucho, dado que nos dirigimos al Todopoderoso?" (Cf. Cammino, 60 (34), 4, in Opere complete, Milano 1998, p. 846).

Nuestra oración forma parte de la oración de toda la Iglesia
Cada vez que rezamos el Padrenuestro, nuestra voz se entrecruza con la de la Iglesia, pues quien reza nunca reza solo. "Todo fiel tendrá que buscar y podrá encontrar en la verdad y riqueza de la oración cristiana, enseñada por la Iglesia, su propio camino, su propia manera de oración... se dejará por tanto conducir... por el Espíritu Santo, que le guía, a través de Cristo al Padre" (Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunos aspectos de la meditación cristiana - Orationis formas, 15 de octubre de 1989, 29).

Monday, July 19, 2010

Vacaciones: tiempo oportuno para el encuentro con Dios

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Primero lo primero

Nos encontramos ya en el corazón del verano, al menos en el hemisferio boreal. En este tiempo, están cerradas las escuelas y se concentra el mayor período de vacaciones. También se reducen las actividades pastorales de las parroquias, y yo mismo he suspendido durante un período las audiencias. Es, por tanto, un momento favorable para dar el primer lugar a lo que es efectivamente más importante en la vida, es decir, la escucha de la Palabra del Señor. Nos lo recuerda también el Evangelio de este domingo, con el célebre episodio de la visita de Jesús a la casa de Marta y María, narrado por san Lucas (10, 38-42).


La lección de Marta y de María
Marta y María son dos hermanas; tienen también un hermano, Lázaro, que sin embargo en este caso no aparece. Jesús pasa por su pueblo y, según dice el texto, María le recibió en su casa (Cf. 10, 38). Este detalle da a entender que, entre las dos, Marta es la más anciana, la que gobierna la casa. De hecho, después de que Jesús se había instalado, María se sienta a sus pies y le escucha, mientras que Marta está totalmente ocupada por los muchos servicios, debidos ciertamente al huésped de excepción. Parece que estamos viendo la escena: una hermana se mueve ajetreada, y la otra queda como arrobada por la presencia del Maestro y por sus palabras. Después de un rato, Marta, evidentemente resentida, no aguanta más y protesta, sintiendo que además tiene el derecho de criticar a Jesús: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude". ¡Marta querría incluso dar lecciones al Maestro! Sin embargo, Jesús, con gran calma, responde: "Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria, María eligió la mejor parte, que no le será quitada" (10, 41-42). La palabra de Cristo es clarísima: no desprecia la vida activa, y mucho menos la generosa hospitalidad; pero recuerda el hecho de que la única cosa verdaderamente necesaria es otra: escuchar la Palabra del Señor; ¡y el Señor en ese momento está allí, presente en la Persona de Jesús! Todo lo demás pasará y se nos quitará, pero la Palabra de Dios es eterna y da sentido a nuestra acción cotidiana.

Escoger la mejor parte
Queridos amigos: como decía, esta página de Evangelio es particularmente adecuada para el tiempo de vacaciones, pues recuerda el hecho de que la persona humana ciertamente tiene que trabajar, empeñarse en las ocupaciones domésticas y profesionales, pero tiene necesidad ante todo de Dios, que es luz interior de Amor y de Verdad. Sin amor, incluso las actividades más importantes pierden su valor, y no dan alegría. Sin un significado profundo, todo nuestro actuar se reduce a activismo estéril y desordenado. Y, ¿quién nos da el Amor y la Verdad, sino es Jesucristo? Aprendamos, por tanto, hermanos, a ayudarnos los unos a los otros, a colaborar, pero antes incluso a escoger juntos la mejor parte, que es y será siempre nuestro bien más grande.
 
(Ángelus en el patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo, el 18-7-2010)

Monday, July 12, 2010

Seguir a Jesús supone un cambio de lógica

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La Parábola del Buen Samaritano
El Evangelio de este domingo comienza con la pregunta de un doctor de la Ley a Jesús: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?" (Lucas 10, 25). Sabiendo que era experto en las Sagradas Escrituras, el Señor invita a ese hombre a dar él mismo la respuesta, que formula perfectamente, citando los dos mandamientos principales: amar a Dios con todo el corazón, toda la mente y todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo. Entonces, el doctor de la Ley, como justificándose, pregunta: "¿Y quién es mi prójimo?" (Lucas10, 29). Esta vez, Jesús responde con la famosa parábola del "Buen Samaritano" (cf. Lucas 10, 30-37), para indicar a que a nosotros nos corresponde hacer de cualquier persona que tenga necesidad de ayuda nuestro "prójimo". El Samaritano, de hecho, atiende al desconocido que los ladrones han dejado medio muerto por el camino; mientras que un sacerdote y un levita habían pasado por delante, pensando quizá que se contaminarían si entraban en contacto con su sangre, según un precepto. La parábola, por tanto, debe llevarnos a transformar nuestra mentalidad según la lógica de Cristo, que es la lógica de la caridad: Dios es amor y rendirle culto significa servir a los hermanos con amor sincero y generoso.


Fomentar un corazón que vea las necesidades de los demás
Esta narración evangélica ofrece la "unidad de medida", es decir, la universalidad del amor que se dirige hacia el necesitado encontrado ‘casualmente' (cf. Lucas 10, 31), quienquiera que sea" (encíclica Deus caritas est, 25). Junto a esta regla universal, se da también una exigencia específicamente eclesial: "que, precisamente en la Iglesia misma como familia, ninguno de sus miembros sufra por encontrarse en necesidad" (ibídem). El programa del cristiano, aprendido de la enseñanza de Jesús, es "un corazón que ve" dónde hay necesidad de amor, y que actúa coherentemente (Cf. ibídem 31).

Vacaciones
Encomendemos a la Virgen María nuestro camino de fe y, en particular, este tiempo de vacaciones, para que nuestros corazones no pierdan nunca de vista la Palabra de Dios y a los hermanos en dificultad.

(Ángelus en la Residencia Papal de Castelgandolfo. Castelgandolfo, 11-7-2010)

Monday, July 5, 2010

Dios nos precede siempre, nos busca y nos dice "¡Ten fe en mí!"

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Vivimos en una sociedad en la que cada espacio, cada momento parece que tenga que “llenarse” de iniciativas, de actividades, de sonidos; a menudo no hay tiempo siquiera para escuchar y dialogar. ¡Queridos hermanos y hermanas! No tengamos miedo de hacer silencio fuera y dentro de nosotros, si queremos ser capaces no sólo de percibir la voz de Dios, sino también la voz de quien está a nuestro lado, la voz de los demás.

Pero es importante subrayar también un segundo elemento: el descubrimiento del Señor (...) no es el resultado de un esfuerzo, sino que lo hace posible la propia Gracia de Dios, que le precede (...)  Todo lo esencial de nuestra existencia nos ha sido dado sin nuestra aportación. El hecho de que yo vivo no depende de mí; el hecho de que me hayan sido dadas personas que me han introducido en la vida, que me han enseñado qué es amar y ser amado, que me han transmitido la fe y me han abierto la mirada a Dios: todo esto es gracia y no está “hecho por mí”. Por nosotros mismos no habríamos podido hacer nada si no nos hubiera sido dado: Dios nos precede siempre, y en cada vida hay cosas bellas y buenas que podemos reconocer fácilmente como gracia suya, como rayo de luz de su bondad. Por esto debemos estar atentos, tener siempre abiertos los “ojos interiores”, los de nuestro corazón. Y si aprendemos a conocer a Dios en su bondad infinita, entonces seremos capaces también de ver, con asombro, en nuestra vida – como los santos – los signos de ese Dios, que está siempre cerca de nosotros, que es siempre bueno con nosotros, que nos dice: “¡Ten fe en mí!".

Permanecer en el amor de Dios para alcanzar frutos apostólicos

Finalmente, un último elemento (...):  el secreto [del apostolado] está precisamente en “permanecer” con el Señor, en la oración, como se nos ha recordado también en el pasaje evangélico de hoy: el primer imperativo es siempre el de orar al Señor de la mies (cfr Lc 10,2). Y sólo después de esta invitación, Jesús define algunos compromisos esenciales de los discípulos: el anuncio sereno, claro y valiente del mensaje evangélico – también en los momentos de persecución – sin ceder ni a la fascinación de la moda, ni al de la violencia o de la imposición; el desapego de la preocupación por las cosas – el dinero y el vestido – confiando en la Providencia del Padre; la atención y cuidado en particular hacia los enfermos en el cuerpo y en el espíritu (cfr Lc 10,5-9).

¡Queridos hermanos y hermanas! Estoy entre vosotros para confirmaros en la fe. Deseo exhortaros, con fuerza y afecto, a permanecer firmes en esa fe que habéis recibido, que da sentido a la vida y que da la fuerza para amar. Que nos acompañen en este camino el ejemplo y la intercesión de la Madre de Dios y de san Pedro Celestino. ¡Amen!

(Homilía en la Misa celebrada en la plaza Garibaldi de la localidad italiana de Sulmona, 4-7-2010)

La comunión con el Papa garantiza la libertad de la Iglesia

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La Iglesia siempre ha vivido persecuciones

Si pensamos en los dos milenios de historia de la Iglesia, podemos observar que – como lo había predicho el Señor Jesús (cfr Mt 10,16-33) – nunca han faltado las pruebas a los cristianos, que en algunos periodos y lugares han asumido el carácter de verdaderas y auténticas persecuciones. Estas, sin embargo, a pesar de los sufrimientos que provocan, no constituyen el peligro más grave para la Iglesia. El mayor daño, de hecho, lo padece ésta de lo que contamina la fe y la vida cristiana de sus miembros y de sus comunidades, erosionando la integridad del Cuerpo místico, debilitando su capacidad de profecía y de testimonio, empañando la belleza de su rostro. Esta realidad está atestiguada ya por el epistolario paulino. La Primera Carta a los Corintios, por ejemplo, responde precisamente a algunos problemas de divisiones, de incoherencias, de infidelidades al Evangelio que amenazan seriamente a la Iglesia. Pero también la Segunda Carta a Timoteo – de la que hemos escuchado un pasaje – habla de los peligros de los “últimos tiempos”, identificándolos con actitudes negativas que pertenecen al mundo y que pueden contagiar a la comunidad cristiana: egoísmo, vanidad, orgullo, apego al dinero, etc. (cfr 3,1-5). La conclusión del Apóstol es determinante: los hombres que operan el mal – escribe – "no irán lejos, porque su insensatez se pondrá de manifiesto como la de aquellos” (3,9). Hay por tanto una garantía de libertad asegurada por Dios a la Iglesia, libertad tanto de los lazos materiales que buscan impedir o coartar su misión, como de los males espirituales y morales, que pueden erosionar la autenticidad y la credibilidad.

La comunión con Pedro garantía de libertad
La comunión con Pedro y sus sucesores, de hecho, es garantía de libertad para los pastores de la Iglesia y para las propias comunidades confiadas a ellos. Lo es en los dos planos puestos en claro en las reflexiones precedentes. En el plano histórico, la unión con la Sede Apostólica asegura a las Iglesias particulares y a las Conferencias Episcopales la libertad respecto a poderes locales, nacionales o supranacionales, que pueden en ciertos casos obstaculizar la misión de la Iglesia. Además, y más esencialmente, el ministerio petrino es garantía de libertad en el sentido de la plena adhesión a la verdad, a la auténtica tradición, para que el Pueblo de Dios sea preservado de errores referidos a la fe y a la moral
Quisiera sacar una última indicación de la Palabra de Dios, en particular de la promesa de Cristo de que las potencias del infierno no prevalecerán sobre su Iglesia. Estas palabras pueden tener también un significativo valor ecuménico, desde el momento en que, como señalaba hace poco, uno de los efectos típicos de la acción del Maligno es precisamente la división dentro de la Comunidad eclesial. Las divisiones, de hecho, son síntomas de la fuerza del pecado, que sigue actuando en los miembros de la Iglesia también después de la redención. Pero la palabra de Cristo es clara: "Non praevalebunt – no prevalecerán" (Mt 16,18). La unidad de la Iglesia está arraigada en su unión con Cristo, y su causa de la plena unidad de los cristianos – que siempre hay que buscar y renovar, de generación en generación – está también sostenida por su oración y por su promesa. En la lucha contra el espíritu del mal, Dios nos entregó en Jesús al “Abogado” defensor, y, después de su Pascua, “otro Paráclito" (cfr Jn 14,16), el Espíritu Santo, que permanece con nosotros para siempre y que conduce a la Iglesia hacia la plenitud de la verdad (cfr Jn 14,16; 16,13), que es también la plenitud de la caridad y de la unidad.

(Homilía en la Solemnidad de San Pedro y San Pablo en la Basílica de San Pedro. Ciudad del Vaticano 30-6-2010)

Un sacerdote conforme al corazón de Jesús: San Giuseppe Cafasso:

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Hoy, como anuncié el pasado miércoles, quisiera recordar otra, que sobresale en el grupo de los “Santos sociales” en Turín del siglo XIX: se trata de san Giuseppe Cafasso.


Su recuerdo parece debido, porque precisamente hace una semana se celebraba el 150 aniversario de su muerte, que tuvo lugar en la capital piamontesa el 23 de junio de 1860, a la edad de 49 años. Además, quiero recordar que el Papa Pío XI, el 1 de noviembre de 1924, aprobando los milagros para la canonización de san Juan María Vianney y publicando el decreto de autorización para la beatificación de Cafasso, acercó estas dos figuras de sacerdotes con las siguientes palabras: “No sin una especial y benéfica disposición de la Divina Bondad, asistimos a este surgimiento de la Iglesia católica de nuevos astros,, el párroco de Ars, y el Venerable Siervo de Dios Giuseppe Cafasso. Precisamente estas dos hermosas, queridas, providencialmente oportunas figuras se nos debían presentar hoy; pequeña y humilde, pobre y sencilla, pero tanto más gloriosa, la figura del párroco de Ars, y la otra bella, grande, compleja, rica figura de sacerdote, maestro y formador de sacerdotes, el Venerable Giuseppe Cafasso". Se trata de circunstancias que nos ofrecen la ocasión para conocer mejor el mensaje, vivo y actual que surge de la vida de este santo. Él no fue párroco como el cura de Ars, sino que fue sobre todo formador de párrocos y de sacerdotes diocesanos, incluso de sacerdotes santos, entre ellos san Juan Bosco. No fundó, como tantos otros sacerdotes del siglo XIX piamontés, institutos religiosos, porque su “fundación” fue la “escuela de vida y de santidad sacerdotal" que realizó, con el ejemplo y la enseñanza, en el Internado Eclesiástico de san Francisco de Asís, en Turín.

Maestro y guía de sacerdotes
Desde su cátedra de teología moral educaba a ser buenos confesores y directores espirituales, preocupados por el verdadero bien espiritual de la persona, animados por un gran equilibrio en hacer sentir la misericordia de Dios y, al mismo tiempo, un agudo y vivo sentido del pecado. Tres eran las virtudes principales del Cafasso profesor, como recuerda san Juan Bosco: calma, delicadeza y prudencia. Para él la verificación de la enseñanza transmitida estaba constituida por el ministerio de la confesión, a la cual él mismo dedicaba muchas horas de la jornada; a él se dirigían obispos, sacerdotes, religiosos, laicos eminentes y gente sencilla: a todos sabía ofrecer el tiempo necesario. De muchos, también, que llegaron a ser santos y fundadores de institutos religiosos, fue sabio consejero espiritual. Su enseñanza nunca era abstracta, basada solo en los libros que se utilizaban en ese tiempo, sino que nacía de la experiencia viva de la misericordia de Dios y del profundo conocimiento del alma humana adquirida en el largo tiempo transcurrido en el confesionario y en la dirección espiritual: la suya era una verdadera escuela de vida sacerdotal.


Su secreto era sencillo: ser un hombre de Dios; hacer, en las pequeñas acciones cotidianas, “lo que pueda volverse en mayor gloria de Dios y en provecho de las almas". Amaba de forma total al Señor, estaba animado por una fe bien arraigada, sostenido por una oración profunda y prolongada, vivía una sincera caridad hacia todos. Conocía la teología moral, pero conocía también las situaciones y el corazón de la gente, de cuyo bien se hacía cargo, como el buen pastor. Cuantos tenían la gracia de estar cerca de él se transformaban en otros tantos buenos pastores y confesores válidos. Indicaba con claridad a todos los sacerdotes la santidad que alcanzar que alcanzar precisamente en el ministerio pastoral. El beato don Clemente Marchisio, fundador de las Hijas de san José, afirmaba: “Entré en el Internado siendo un gran travieso y un cabeza loca, sin saber qué quería decir ser sacerdote, y salí de allí totalmente distinto, plenamente imbuido de la dignidad del sacerdote".

Director espiritual de San Juan Bosco
Entre estos – como ya he dicho – surge san Juan Bosco, que lo tuvo como director espiritual durante 25 años, desde 1835 hasta 1860: antes como clérigo, después como sacerdote y después como fundador. Todas las elecciones fundamentales de la vida de san Juan Bosco tuvieron como consejero y guía a san Giuseppe Cafasso, pero de un modo bien preciso: el Cafasso no buscó nunca de formar en don Bosco un discípulo "a su imagen y semejanza", y don Bosco no copió a Cafasso; le imitó ciertamente en las virtudes humanas y sacerdotales – definiéndolo “modelo de vida sacerdotal" – sino según sus propias actitudes personales y su propia peculiar vocación; un signo de la sabiduría del maestro espiritual y de la inteligencia del discípulo: el primero no se impuso sobre el segundo, sino que le respetó en su personalidad y le ayudó a leer cuál era la voluntad de Dios sobre él. Queridos amigos, ésta es una enseñanza preciosa para todos aquellos que están comprometidos en la formación y educación de las jóvenes generaciones y es también una fuerte llamada de cuán importante es tener una guía espiritual en la propia vida, que ayude a entender lo que Dios quiere de nosotros. Con sencillez y profundidad, nuestro Santo afirmaba: “Toda la santidad, la perfección y el provecho de una persona está en hacer perfectamente la voluntad de Dios (…). Felices nosotros si consiguiéramos verter así nuestro corazón dentro del de Dios, unir de tal forma nuestros deseos, nuestra voluntad a la suya, que formen un solo corazón y una sola voluntad: querer lo que Dios quiere, quererlo en el modo, en el tiempo, en las circunstancias que Él quiere y querer todo eso no por otro motivo sino porque Dios lo quiere".
 
Pastor de los encarcelados y condenados a muerte
 
La simple presencia de Cafasso hacía el bien: serenaba, tocaba los corazones endurecidos por las circunstancias de la vida y sobre todo iluminaba y removía las conciencias indiferentes. En los primeros tiempos de su ministerio entre los encarcelados, recurría a menudo a las grandes predicaciones que llegaban a implicar a casi toda la población carcelaria. Con el paso del tiempo, privilegió la catequesis pequeña, hecha en los coloquios y en los encuentros personales: respetuoso de las circunstancias de cada uno, afrontaba los grandes temas de la vida cristiana, hablando de la confianza en Dios, de la adhesión a Su voluntad, de la utilidad de la oración y de los sacramentos, cuyo punto de llegada es la Confesión, el encuentro con Dios hecho para nosotros misericordia infinita. Los condenados a muerte fueron objeto de cuidados humanos y espirituales especialísimos. Él acompañó al patíbulo, tras haberles confesado y administrado la Eucaristía, a 57 condenados a muerte. Les acompañaba con profundo amor hasta la última respiración de su existencia terrena.
 
Murió el 23 de junio de 1860, tras una vida ofrecida totalmente al Señor y consumada por el prójimo. Mi Predecesor, el venerable siervo de Dios papa Pío XII, el 9 de abril de 9 1948, lo proclamó patrono de las cárceles italianas y, con la Exhortación apostólica Menti nostrae, el 23 de septiembre de 1950, lo propuso como modelo a los sacerdotes comprometidos en la confesión y en la dirección espiritual.


Queridos hermanos y hermanas, que san Giuseppe Cafasso sea una llamada para todos a intensificar el camino hacia la perfección de la vida cristiana, la santidad; en particular, recuerde a los sacerdotes la importancia de dedicar tiempo al Sacramento de la Reconciliación y a la dirección espiritual, y a todos la atención que debemos tener hacia los más necesitados. Nos ayude la intercesión de la Beata Virgen María, de la que san Giuseppe Cafasso era devotísimo y que llamaba “nuestra querida Madre, nuestro consuelo, nuestra esperanza".

(Audiencia General en la Plaza de San Pedro. Ciudad del Vaticano, 30-6-2010)
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