Friday, November 26, 2010

Servir a la fe supone asumir una actitud de humildad y de servicio

El Papa es un servidor de la fe en Cristo

El primer servicio del Sucesor de Pedro es el de la fe. En el Nuevo Testamento, Pedro se convirtió en la “piedra” de la Iglesia en cuanto portador del Credo: el "nosotros" de la Iglesia comienza con el nombre de aquel que profesó en primer lugar la fe en Cristo, inicia con su fe; una fe al principio inmadura y aún “demasiado humana", pero después, tras la Pascua, madura y capaz de seguir a Cristo hasta el don de sí; madura en creer que Jesús es verdaderamente el Rey; que lo es precisamente porque permaneció en la Cruz, y de esa forma dio la vida por los pecadores.

Cristo crucificado sigue reinando aunque no haga nada por salvarse

En el Evangelio se ve que todos piden a Jesús que baje de la cruz. Se ríen de él, pero es también un modo de disculparse, como diciendo: no es culpa nuestra si tu estás allí en la cruz; es solo culpa tuya, porque si tu fueses verdaderamente el Hijo de Dios, el Rey de los Judíos, tu no estarías allí sino que te salvarías bajando de ese patíbulo infame. Por tanto, si te quedas allí, quiere decir que tu estás equivocado y que nosotros tenemos razón. El drama que se desarrolla bajo la cruz de Jesús es un drama universal; afecta a todos los hombres frente a Dios que se revela por lo que es, es decir, Amor. En Jesús crucificado la divinidad está desfigurada, despojada de toda gloria visible, pero presente y real. Sólo la fe sabe reconocerla: la fe de María, que une en su corazón también esta última tesela del mosaico de la vida de su Hijo; Ella no ve aún el conjunto, pero sigue confiando en Dios, repitiendo una vez más con el mismo abandono "He aquí la esclava del Señor" (Lc 1,38). Y después está la fe del buen ladrón: una fe apenas esbozada, pero suficiente para asegurarle la salvación “Hoy estarás conmigo en el paraíso". Decisivo es ese “conmigo”. Sí, es esto lo que lo salva. Cierto, el buen ladrón está en la cruz como Jesús, pero sobre todo está en la cruz con Jesús. Y a diferencia del otro malhechor, y de todos los demás que lo escarnecen, no pide a Jesús que descienda de la cruz ni que le haga descender. Dice en cambio: “Acuérdate de mi cuando llegues a tu reino”. Lo ve en la cruz, desfigurado, irreconocible, y sin embargo se confía a él como a un rey, es más, como al Rey. El buen ladrón cree en lo que está escrito en esta tabla sobre la cabeza de Jesús: “El rey de los judíos": cree en él, y se confía. Por esto está ya, en seguida, en el “hoy” de Dios, en el paraíso, porque el paraíso es esto: estar con Jesús, estar con Dios.

Servidores de la fe: estar con Jesús en la Cruz

Aquí entonces, queridos hermanos, surge claramente el primer y fundamental mensaje que la Palabra de Dios hoy nos dice: a mí, Sucesor de Pedro, y a vosotros, cardenales. Nos llama a estar con Jesús, como María, y a no pedirle bajar de la cruz, sino quedarnos con Él. (...) Sabemos por los Evangelios que la cruz fue el punto crítico de la fe de Simón Pedro y de los demás Apóstoles. Está claro que no podía ser de otra manera: eran hombres y pensaban “según los hombres”, no podían tolerar la idea de un Mesías crucificado. La “conversión” de Pedro se realiza plenamente cuando renuncia a querer "salvar" a Jesús y acepta ser salvado por Él. Renuncia a querer salvar a Jesús de la cruz y acepta ser salvado por su cruz. "Yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos " (Lc 22,32), dice el Señor. El ministerio de Pedro consiste todo en su fe, una fe que Jesús reconoció en seguida, desde el principio, como genuina, como don del Padre celeste; pero una fe que debe pasar a través del escándalo de la cruz, para convertirse en auténtica, verdaderamente "cristiana", para llegar a ser “roca” sobre la que Jesús podrá construir su Iglesia. La participación en el señorío de Cristo se verifica concretamente solo al compartir en su abajamiento, en la Cruz. (...). En este sentido el lugar auténtico del Vicario de Cristo es la Cruz, persistir en la obediencia de la Cruz.

Pensar y actual desde la lógica de la Cruz

Es difícil este ministerio, porque no se alinea a la forma de pensar de los hombres – a esa lógica natural que por otro lado permanece siempre activa también en nosotros mismos. Pero este es y seguirá siendo siempre nuestro primer servicio, el servicio de la fe, que transforma toda la vida: creer que Jesús es Dios, que es el Rey precisamente porque llegó a ese punto, porque nos amó hasta el extremo. Y esta realeza paradójica, debemos testimoniarla y anunciarla como lo hizo Él, el Rey, es decir siguiendo su mismo camino y esforzándonos en adoptar su misma lógica, la lógica de la humildad y del servicio, del grano de trigo que muere para dar fruto. El Papa y los cardenales están llamados a estar profundamente unidos ante todo en esto: todos juntos, bajo la guía del Sucesor de Pedro, deben permanecer en la realeza de Cristo, pensando y actuando según la lógica de la Cruz – y esto nunca es fácil ni se da por descontado. En esto debemos ser compactos, y lo somos porque no nos une una idea, una estrategia, sino porque nos unen el amor de Cristo y su Santo Espíritu. La eficacia de nuestro servicio a la Iglesia, la Esposa de Cristo, depende esencialmente de esto, de nuestra fidelidad a la realeza divina del Amor crucificado (...).

(Homilía del Papa en la celebración con los nuevos cardenales en la Basílica de San Pedro. Ciudad del Vaticano, 24-11-2010)

0 comments:

Post a Comment

ban nha mat pho ha noi bán nhà mặt phố hà nội