Saturday, June 5, 2010

La promoción de la paz forma parte del corazón de la fe cristiana

Este viaje a Chipre es, en muchos sentidos, una continuación del viaje del año pasado a Tierra Santa y también del viaje a Malta de este año. El viaje a Tierra Santa tenía tres partes: Jordania, Israel y los territorios palestinos. Para todos los tres se trataba de un viaje pastoral, religioso; no era un viaje político o turístico. El tema fundamental era la paz de Cristo, que debe ser paz universal en el mundo. El tema era por tanto: por una parte, el anuncio de nuestra fe, el testimonio de la fe, la peregrinación a estos lugares que dan testimonio de la vida de Cristo y de toda la historia santa; por otra parte, la responsabilidad común de todos cuantos creen en un Dios creador del cielo y de la tierra, en un Dios a cuya imagen hemos sido creados. Malta y Chipre añaden con más fuerza el tema de san Pablo, gran creyente, evangelizador, y también de san Bernabé, que es chipriota y que abrió la puerta para la misión de san Pablo. Por tanto, testimonio de nuestra fe en un único Dios, diálogo y paz son los temas. Paz en un sentido muy profundo: no es una añadido político a nuestra actividad religiosa, sino que la paz es una palabra del corazón de la fe, está en el centro de la enseñanza paulina; pensemos en la carta a los Efesios, donde dice que Cristo ha traído la paz, ha destruido los muros de la enemistad. Esto sigue siendo un mandato permanente, por tanto no vengo con un mensaje político, sino con un mensaje religioso, que debería preparar más a las almas para encontrar la apertura por la paz. Estas no son cosas que vienen de hoy a mañana, pero es muy importante no sólo dar los necesarios pasos políticos, sino sobre todo preparar las almas para ser capaces de dar los pasos políticos necesarios, crear esa apertura interior para la paz, que, al final, viene de la fe en Dios y de la convicción de que todos somos hijos de Dios y hermanos y hermanas entre nosotros.
(...)
Con todos estos episodios que vivimos, existe siempre el peligro de perder la paciencia, que se diga “ahora basta”, que ya no se quiera buscar la paz. Y aquí me viene a la mente, en este Año Sacerdotal, una bella historia del Párroco de Ars. A las personas que le decían: no tiene sentido que yo ahora vaya a la confesión y a la absolución, porque pasado mañana estoy seguro de volver a caer en los mismos pecados, el Cura de Ars respondía: no pasa nada, el Señor voluntariamente olvida que tu pasado mañana harás los mismos pecados, te perdona ahora completamente, será longánime, y seguirá ayudándote, viniendo hacia ti. Así debemos casi imitar a Dios, su paciencia. Después de todos los casos de violencia, no perder la paciencia, no perder el valor, no perder la longanimidad de volver a empezar; crear estas disposiciones del corazón para empezar siempre de nuevo, en la certeza de que podemos ir adelante, que podemos llegar a la paz, que la violencia no es la solución, sino la paciencia del bien.

(Palabras del Papa a los periodistas. Pafos, 4-6-2010)

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