Monday, June 7, 2010

¿Por qué necesitamos la cruz para ser felices y salvarnos?

Engañado por la serpiente, Adán se apartó de la confianza filial en Dios y pecó comiendo del fruto del único árbol del jardín que le había sido prohibido. Como consecuencia de aquel pecado entró en el mundo el sufrimiento y la muerte. Los efectos trágicos del pecado, es decir, el sufrimiento y la muerte, se hicieron del todo patentes en la historia de los descendientes de Adán. Lo hemos escuchado en la primera lectura de hoy, que evoca la caída y prefigura la redención de Cristo. (...)

El madero de la cruz se transforma en el instrumento de nuestra redención, igual que el árbol del que había sido extraído dio origen a la caída de nuestros progenitores. El sufrimiento y la muerte, consecuencias del pecado, se transformaron precisamente en el medio por el que el pecado fue derrotado. El Cordero inocente fue sacrificado en el altar de la cruz y, sin embargo, de la inmolación de la víctima brotó vida nueva: el poder del Maligno fue destruido por el poder del amor que se autosacrifica.


La cruz, por tanto, es algo más grande y misterioso de lo que puede parecer a primera vista. Indudablemente, es un instrumento de tortura, de sufrimiento y derrota, pero al mismo tiempo muestra la completa transformación, la victoria definitiva sobre estos males, y esto la convierte en el símbolo más elocuente de la esperanza que el mundo haya visto jamás. Habla a todos los que sufren -los oprimidos, los enfermos, los pobres, los marginados, las víctimas de la violencia- y les ofrece la esperanza de que Dios puede convertir su dolor en alegría, su aislamiento en comunión, su muerte en vida. Ofrece esperanza ilimitada a nuestro mundo caído.(...)

Un mundo sin cruz sería un mundo sin esperanza, un mundo en el que la tortura y la brutalidad no tendrían límite, donde el débil sería subyugado y la codicia tendría la última palabra. La inhumanidad del hombre hacia el hombre se manifestaría de modo todavía más horrible, y el círculo vicioso de la violencia no tendría fin. Sólo la cruz puede poner fin a todo ello. Mientras que ningún poder terreno puede salvarnos de las consecuencias de nuestro pecado, y ninguna potencia terrena puede derrotar la injusticia en su origen, la intervención redentora de Dios Amor puede transformar radicalmente la realidad del pecado y la muerte. Esto es lo que celebramos cuando nos gloriamos en la cruz del Redentor. San Andrés de Creta describe con razón la cruz como “el más excelente de todos los bienes… por el cual y para el cual culmina nuestra salvación y se nos restituye a nuestro estado de justicia original” (Sermón 10: PG 97, 1018-1019).


(Homilía en la Iglesia parroquial latina de la Santa Cruz - Nicosia. Chipre, 5-6-2010)

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