Monday, February 15, 2010

Defender la familia es el mejor modo de custodiar los derechos del niño

La Iglesia, a lo largo de los siglos, a ejemplo de Cristo, ha promovido la tutela de la dignidad y de los derechos de los menores y, de muchas formas, ha cuidado de ellos. Por desgracia, en algunos casos, algunos de sus miembros, actuando en contraste con este compromiso, han violado estos derechos: un comportamiento que la Iglesia no deja y no dejará de deplorar y de condenar. La ternura y la enseñanza de Jesús, que consideró a los niños un modelo a imitar para entrar en el Reino de Dios (cfr Mt 18,1-6; 19,13-14), han constituido siempre un fuerte llamamiento a nutrir hacia ellos profundo respeto y premura. Las duras palabras de Jesús contra quien escandaliza a uno de estos pequeños (cfr Mc 9,42) comprometen a todos a no bajar nunca el nivel de ese respeto y amor. Por ello también la Convención sobre los derechos de la infancia fue acogida con favor por la Santa Sede, en cuanto que contiene enunciados positivos sobre la adopción, los cuidados sanitarios, la educación, la tutela de los discapacitados y la protección de los pequeños contra la violencia, el abandono y la explotación sexual y laboral.

Es precisamente la familia, fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer, la ayuda más grande que se pueda ofrecer a los niños. Estos quieren ser amados por una madre y por un padre que se aman, y necesita habitar, crecer y vivir junto con ambos padres, porque la figura materna y paterna son complementarias en la educación de los hijos y en la construcción de su personalidad y de su identidad. Es importante, por tanto, que se haga todo lo posible por hacerles crecer en una familia unida y estable. Con este fin, es necesario exhortar a los cónyuges a no perder nunca de vista las razones profundas y la sacramentalidad de su pacto conyugal y a reforzarlo con la escucha de la Palabra de Dios, la oración, el diálogo constante, la acogida recíproca y el perdón mutuo. Un ambiente familiar no sereno, la división de la pareja, y en particular, la separación con el divorcio no dejan de tener consecuencias para los niños, mientras que apoyar a la familia y promover su bien, sus derechos, su unidad y estabilidad, es la mejor forma de tutelar los derechos y las auténticas exigencias de los menores.
(Mensaje al Pontificio Consejo para la Familia. Ciudad del Vaticano, 8-2-2010)

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