Saturday, February 20, 2010

Existe una "complicidad" activa entre el sacerdote y las personas que sufren

[Dice el apóstol San Pablo] "¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados" (St 5,14-15). Aquí es evidente la prolongación de Cristo en su Iglesia: es siempre Él quien actúa, mediante los presbíteros; es su mismo Espíritu que opera mediante el signo sacramental del óleo; es al Él a quien se dirige la fe, expresada en la oración; y, como sucedía a las personas curadas por Jesús, a cada enfermo se le puede decir: tu fe, apoyada por la fe de los hermanos y hermanas, te ha salvado.
De este texto, que contiene el fundamento y la praxis del sacramento de la Unción de enfermos, se extrae al mismo tiempo una visión del papel de los enfermos en la Iglesia. Un papel activo al “provocar”, por así decirlo, la oración hecha con fe. "¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros”. En este Año Sacerdotal, quiero subrayar el vínculo entre enfermos y sacerdotes, una especie de alianza, de “complicidad” evangélica. Ambos tienen una tarea: el enfermo debe “llamar” a los presbíteros, y éstos deben responder, para atraer sobre la experiencia de la enfermedad la presencia y la acción del Resucitado y de su Espíritu. Y aquí podemos ver toda la importancia de la pastoral de los enfermos, cuyo valor es verdaderamente incalculable, por el bien inmenso que hace en primer lugar al enfermo y al mismo sacerdote, pero también a los familiares, a los conocidos, a la comunidad y, a través de vías ocultas y desconocidas, a toda la Iglesia y al mundo. En efecto, cuando la Palabra de Dios habla de curación, de salvación, de salud del enfermo, entiende estos conceptos en sentido íntegro, no separando nunca alma y cuerpo: un enfermo curado por la oración de Cristo, mediante la Iglesia, es una alegría en la tierra y en el cielo, es una primicia de la vida eterna.
(Homilía en la XVIII Jornada Mundial del Enfermo. Ciudad del Vaticano, 11-2-2010)

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