Hoy en Italia y en otros países se celebra la Ascención de Jesús al Cielo, que se produjo cuarenta días después de la Pascua.
En la liturgia se narra el episodio de la última separación del Señor Jesús de sus discípulos (cfr Lc 24,50-51; At 1,2.9); pero no se trata de un abandono, porque Él permanece siempre con ellos -con nosotros- en una forma nueva. San Bernardo de Claraval explica que la ascención al Cielo de Jesús se cumple en tres grados: "el primero es la gloria de la resurrección, el segundo el poder de juzgar y el tercero sentarse a la derecha del Padre"(Sermón de la Ascención del Señor, 60,2: Sancti Bernardi Opera, t. VI, 1, 291, 20-21). Tal evento
está precedido por la bendición de los discípulos, que les prepara a recibir el don del Espíritu Santo, a fin que la salvación sea proclamada en todo lugar. Jesús mismo les dice: "De esto vosotros sois testimonio. He aquí que yo os mando Aquél que el Padre me ha prometido" (cfr Lc 24,47-49).
El Señor atrae la mirada de los Apóstoles -nuestra mirada- hacia el Cielo para indicarles cómo recorrer el camino del bien durante la vida terrena. Él todavía permanece en la trama de la historia humana, es cercano a cada uno de nosotros y guía nuestro caminar cristiano: es compañero de los perseguidos a causa de la fe, está en el corazón de cuantos son marginados, está presente en aquellos a los que les es negado el derecho a la vida. Podemos escuchar, ver y tocar al Señor Jesús en la Iglesia, especialmente mediante la palabra y los sacramentos. A tal propósito, exhorto a los chicos y chicas que en este tiempo pascual reciben el sacramento de la Confirmación, a permanecer fieles a la Palabra de Dios y a la doctrina recibida, como también a recurrir asiduamente a la Confesión y a la Eucaristía, conscientes de haber sido elegidos y constituidos para dar testimonio de la Verdad. Renuevo mi especial invitación a los hermanos en el Sacerdocio para que "en sus vidas y en sus acciones se distingan por dar un fuerte testimonio evangélico" (Carta en el Año Sacerdotal)
Queridos hermanos y hermanas: el Señor, abriéndonos la via del Cielo, nos hace pregustar ya en esta tierra la vida divina. Un autor ruso del siglo veinte, en su testamento espiritual, escribía: "Observad más frecuentemente las estrellas. Cuando tengáis un peso en el ánimo, mirad las estrellas y el azul del cielo. Cuando os sintáis tristes, quando os ofendáis..., entreteneos... con el cielo. En ese momento vuestra alma se encontrará quieta (N. Valentini - L. Žák [a cura], Pavel A. Florenskij. Non dimenticatemi. Le lettere dal gulag del grande matematico, filosofo e sacerdote russo, Milano 2000, p. 418).
Agradezco a la Virgen María, que en los días pasados he podido venerar en el Santuario de Fátima, por su materna protección durante el intenso peregrinaje en Portugal. A Aquella que vigila sobre los testigos de su querido Hijo acudamos con confianza en nuestras oraciones.
(Regina Coeli en la Plaza de San Pedro. Ciudad del Vaticano, 16-5-2010)
[traducción de La Voz de Pedro]
Sunday, May 16, 2010
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