La primera lectura, que hemos escuchado, nos presenta precisamente una manera particular de glorificación de Jesús: el apostolado y sus frutos. Pablo y Bernabé, al final de su primer viaje apostólico, regresan a las ciudades ya visitadas y alientan a los discípulos, exhortándoles a permanecer firmes en la fe pues, como ellos dicen, "hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios" (Hechos 14, 22).
Sí, la vida lleva a afrontar muchas dificultades, muchos problemas, pero es precisamente la certeza que nos ofrece la fe, la certeza de que nos estamos solos, que Dios ama a cada uno sin distinción y está cerca de cada uno con su amor, lo que hace posible afrontar, vivir y superar el cansancio de los problemas cotidianos. El amor universal de Cristo resucitado llevó a los apóstoles a salir de sí mismos, a difundir la palabra de Dios, a entregarse sin reservas a los demás, con valentía, alegría y serenidad. El Resucitado posee una fuerza de amor que supera todo límite, que no se detiene ante ningún obstáculo. Y la comunidad cristiana, en especial en las realidades más comprometidas pastoralmente, debe ser un instrumento concreto de este amor de Dios.
Exhorto a las familias a vivir la dimensión cristiana del amor en la vida cotidiana, en las relaciones familiares superando divisiones e incomprensiones, a la hora de cultivar la fe que hace aún más firme la comunión. Que incluso en el rico y variado mundo de la Universidad y de la cultura no falte el testimonio del amor del que nos habla el Evangelio de hoy, en la capacidad de escucha atenta y de diálogo humilde en la búsqueda de la Verdad, convencidos de que la misma Verdad nos sale al encuentro y nos aferra. También deseo alentar el esfuerzo, con frecuencia difícil, de quien está llamado a administrar la cosa pública: la colaboración para alcanzar el bien común y hacer que la ciudad sea cada vez más humana y vivible es un signo de que el pensamiento cristiano sobre el hombre nunca está en contra de su libertad, sino a favor de una mayor plenitud que sólo en una "civilización del amor" encuentra su realización. A todos, en particular a los jóvenes, les quiero decir que no pierdan nunca la esperanza, la que viene de Cristo resucitado, de la victoria de Dios sobre el pecado y la muerte.
(Homilía en la Plaza San Carlos de Turín. Turín 2-5-2010)
Tuesday, May 4, 2010
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