Doy gracias profundamente a todos los artistas por el talento, el empeño y la pasión con la que presentan al mundo entero las obras maestras de la tradición musical rusa. En estas obras, de las que hoy hemos escuchado significativos pasajes, está presente de manera profunda el alma del pueblo ruso y con ella la fe cristiana, que encuentran una extraordinaria expresión precisamente en la liturgia divina y en el canto litúrgico que siempre la acompaña. Se da, de hecho, un íntimo lazo, originario, entre la música rusa y el canto litúrgico: en la liturgia y de la liturgia se desencadena y comienza en buena parte la creatividad artística de los músicos rusos para crear obras maestras que merecerían un mayor conocimiento en el mundo occidental. Hoy hemos tenido la alegría de escuchar pasajes de grandes artistas rusos de los siglos XIX y XX, como Mussorgsky y Rimski-Kórsakov, Chaikovski y Rajmáninov. Estos compositores, en particular el último, han sabido recurrir al rico patrimonio musical-litúrgico de la tradición rusa, volviéndolo a elaborar y armonizándolo con motivos y experiencias musicales de Occidente y más cercanos a la modernidad. En esta estela creo que debe situarse también la obra del metropolita Hliarion.
En la música, por tanto, ya se anticipa y en cierto sentido se realiza la confrontación, el diálogo, la sinergia entre Oriente y Occidente, así como entre tradición y modernidad. El venerable Juan Pablo II pensaba precisamente en una análoga visión unitaria y armoniosa de Europa cuando, al volver a presentar la imagen sugerida por Vyacheslav Ivanovich Ivanov de los "dos pulmones" con los que hay que volver a respirar, auspiciaba tomar de nuevo conciencia de las profundas y comunes raíces culturales y religiosas del continente europeo, sin las cuales la Europa de hoy quedaría como privada de un alma y marcada por una visión reductora y parcial. Precisamente para reflejar mejor estos problemas se celebró ayer el Simposio, organizado por el Patriarcado de Moscú, por el dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y por el de la Cultura, sobre el tema "Ortodoxos y católicos en Europa de hoy. Las raíces cristianas y el patrimonio común cultural de Oriente y Occidente".
Como he afirmado en varias ocasiones, la cultura contemporánea y particularmente la europea, corre el riesgo de la amnesia, del olvido y, por tanto, del abandono del extraordinario patrimonio suscitado e inspirado por la fe cristiana, que constituye la columna vertebral esencial de la cultura europea, y no sólo de la europea. Las raíces cristianas de Europa, de hecho, quedan constituidas no sólo por la vida religiosa y el testimonio de tantas generaciones de creyentes, sino también por el inestimable patrimonio cultural y artístico, orgullo y recurso precioso de los pueblos y de los países en los que la fe cristiana, en sus diferentes manifestaciones, ha dialogado con las culturas y el arte, las ha animado e inspirado, favoreciendo y promoviendo como nunca la creatividad del genio humano. También hoy estas raíces son vivas y fecundas, en Oriente y en Occidente, y pueden, es más, deben inspirar un nuevo humanismo, una nueva estación de auténtico progreso humano, para responder eficazmente a los numerosos y en ocasiones cruciales desafíos que nuestras comunidades cristianas y nuestras sociedades tienen que afrontar, comenzando por la secularización, que no sólo lleva a prescindir de Dios y de su proyecto, sino que acaba por negar la misma dignidad humana, en una sociedad regulada únicamente por intereses egoístas.
¡Volvamos a hacer que Europa respire con sus dos pulmones, volvamos a dar un alma no sólo a los creyentes sino a todos los pueblos del continente, volvamos a promover la confianza y la esperanza, arraigándolas en la milenaria de experiencia de fe cristiana! En este momento, no puede faltar el testimonio coherente, generoso y valiente de los creyentes para que podamos mirar juntos al futuro común, un futuro en el que la libertad y la dignidad de cada hombre y de cada muer sean reconocidas como un valor fundamental y se valore la apertura al Trascendente, la experiencia de fe como dimensión constitutiva de la persona.
(Discurso del Papa al finalizar el concierto ofrecido por Su Santidad Kirill I, patriarca de Moscú. Ciudad del Vaticano, 20-5-2010)
Thursday, May 20, 2010
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