Entre las muchas tipologías de iconos de la Virgen María en la tradición bizantina, se encuentra la llamada “de la ternura”, que representa al niño Jesús con el rostro apoyado -mejilla a mejilla- en el de la Madre. El Niño mira a la Madre, y ésta nos mira a nosotros, casi como reflejando al que observa, y reza, la ternura de Dios, bajada en Ellos del Cielo y encarnada en aquel Hijo de hombre que lleva en brazos. En este icono mariano podemos contemplar algo de Dios mismo: un signo del amor inefable que le ha llevado a “dar a su hijo unigénito” (Jn 3,16). Pero ese mismo icono nos muestra también, en María, el rostro de la Iglesia, que refleja sobre nosotros y sobre el mundo entero la luz de Cristo, la Iglesia mediante la cual llega a toda persona la buena noticia: “Ya no es siervo, sino hijo” (Gal 4,7) -como leemos todavía en san Pablo.
(Homilía en la solemnidad de María Santísima Madre de Dios. Ciudad del Vaticano, 1-1-2010)
Friday, January 1, 2010
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