Sunday, January 24, 2010

¿Qué hace la Iglesia Católica por la unidad de las iglesias cristianas que no están en comunión con el Papa?

El movimiento ecuménico moderno se ha desarrollado de forma tan significativa que se ha convertido, en el último siglo, en un elemento importante en la vida de la Iglesia, recordando el problema de la unidad entre todos los cristianos y sosteniendo también el crecimiento de la comunión entre ellos. (...) Además, implica a la vida concreta de las Iglesias y de las Comunidades eclesiales con temáticas que tocan la pastoral y la vida sacramental, como por ejemplo el mutuo reconocimiento del Bautismo, las cuestiones relativas a los matrimonios mixtos, los casos parciales de comunicatio in sacris en situaciones particulares bien definidas. En el surco de este espíritu ecuménico, los contactos han ido ensanchándose también a movimientos pentecostales, evangélicos y carismáticos, para un mayor conocimiento recíproco, aunque no falten problemas graves en este sector.
La Iglesia católica, desde el Concilio Vaticano II en adelante, ha entrado en relaciones fraternas con todas las Iglesias de Oriente y las Comunidades eclesiales de Occidente, organizando, en particular, con la mayor parte de ellas, diálogos teológicos bilaterales, que han llevado a encontrar convergencias o incluso consenso en diversos puntos, profundizando así los vínculos de comunión. En el año apenas transcurrido, los diálogos han registrado pasos positivos. Con las Iglesias ortodoxas la Comisión Mixta Internacional para el Diálogo Teológico ha comenzado, en la XI Sesión plenaria celebrada en Paphos (Chipre) en octubre de 2009, el estudio de un tema crucial en el diálogo entre católicos y ortodoxos: El papel del obispo de Roma en la comunión de la Iglesia en el primer milenio, es decir, en el tiempo en el que los cristianos de Oriente y Occidente vivían en la comunión plena. Este estudio se extenderá a continuación al segundo milenio. Ya he pedido muchas veces la oración de los católicos por este diálogo delicado y esencial para todo el movimiento ecuménico. (...)
Durante el año pasado, con las Comunidades eclesiales de Occidente se han examinado los resultados alcanzados en los diversos diálogos en estos cuarenta años, deteniéndose, el particular, en los mantenidos con la Comunión Anglicana, con la Federación Luterana Mundial, con la Alianza Reformada Mundial y con el Consejo Mundial Metodista. Al respecto, el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos realizó un estudio para evidenciar los puntos de convergencia a los que se ha llegado en los relativos diálogos bilaterales, y señalar, al mismo tiempo, los problemas abiertos sobre los que habrá que iniciar una nueva fase de confrontación.
Entre los recientes acontecimientos, quisiera mencionar la conmemoración del décimo aniversario de la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación, celebrado por católicos y luteranos juntos el 31 de octubre de 2009, para estimular la prosecución del diálogo, como también la visita a Roma del arzobispo de Canterbury, el doctor Rowan Williams, el cual ha mantenido también coloquios sobre la particular situación en que se encuentra la Comunión Anglicana. El compromiso común de continuar las relaciones y el diálogo son un signo positivo, que manifiesta cuán intenso es el deseo de unidad, a pesar de todos los problemas que se oponen. Así vemos que hay una dimensión de nuestra responsabilidad en hacer todo lo posible para llegar realmente a la unidad, pero que hay otra dimensión, la de la acción divina, porque solo Dios puede dar unidad a la Iglesia. Una unidad “autohecha” sería humana, pero nosotros deseamos la Iglesia de Dios, hecha por Dios, el cual cuando quiera y cuando nosotros estemos preparados, creará la unidad. Debemos tener presente también los progresos reales que se han alcanzado en la colaboración y en la fraternidad en todos estos años, en estos últimos cincuenta años. Al mismo tiempo, debemos saber que el trabajo ecuménico no es un proceso lineal. De hecho, problemas viejos, nacidos en el contexto de otra época, pierden su peso, mientras que en el contexto actual nacen problemas nuevos y nuevas dificultades. Por tanto, debemos estar siempre disponibles para un proceso de purificación, en el cual el Señor nos haga capaces de estar unidos.
Queridos hermanos y hermanas, por la compleja realidad ecuménica, por la promoción del diálogo, como también para que los cristianos de nuestro tiempo puedan dar un nuevo testimonio común de fidelidad a Cristo ante este nuestro mundo, pido la oración de todos. Que el Señor escuche la invocación nuestra y de todos los cristianos, que en esta semana se eleva a Él con particular intensidad.

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