Thursday, January 28, 2010

La Iglesia no es un monolito de hombres uniformados sino como un cuerpo con órganos muy diferentes entre sí

Entre las lecturas bíblicas de la liturgia de hoy se encuentra el célebre texto de la Primera Carta a los Corintios en el que san Pablo compara la Iglesia al cuerpo humano. Así escribe el Apóstol: “Pues del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo. Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido en un solo Espíritu” (1 Cor 12,12-13). La Iglesia está concebida como el cuerpo, del que Cristo es la cabeza, y forma con Él una unidad. Sin embargo lo que el Apóstol quiere comunicar es la idea de la unidad en la multiplicidad de los carismas, que son los dones del Espíritu Santo. Gracias a ellos, la Iglesia se presenta como un organismo rico y vital, no uniforme, fruto del único Espíritu que conduce a todos a la unidad profunda, asumiendo la diversidad sin abolirla y realizando un conjunto armonioso. Ésta prolonga en la historia la presencia del Señor resucitado, en particular mediante los Sacramentos, la Palabra de Dios, los carismas y los ministerios distribuidos en la comunidad. Por eso, precisamente en Cristo y en el Espíritu Santo, la Iglesia es una y santa, es decir una íntima comunión que trasciende las capacidades humanas y las sostiene.
(Ángelus en la Plaza de San Pedro. Ciudad del Vaticano, 24-1-2010)

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