Thursday, January 7, 2010

Oro, incienso y mirra son un acto de sumisión a Dios

Éstos trajeron oro, incienso y mirra. No son ciertamente dones que respondan a necesidades primarias o cotidianas. En aquel momento la Sagrada Familia habría tenido ciertamente mucha más necesidad de algo distinto que el incienso y la mirra, y tampoco el oro podía serle inmediatamente útil. Pero estos dones tienen un significado profundo: son un acto de justicia. De hecho, según la mentalidad vigente en aquel tiempo en Oriente, representan el reconocimiento de una persona como Dios y Rey: es decir, son un acto de sumisión. Quieren decir que desde aquel momento los donadores pertenecen al soberano y reconocen su autoridad. La consecuencia que deriva de ello es inmediata. Los Magos no pueden ya proseguir por su camino, no pueden ya volver a Herodes, ya no pueden ser ya aliados con aquel soberano poderoso y cruel. Han sido llevados para siempre al camino del Niño, la que les hará desentenderse de los grandes y los poderosos de este mundo y les llevará a Aquel que nos espera entre los pobres, el camino del amor que por sí solo puede transformar el mundo.
(Homilía en la solemnidad de la Epifanía del Señor. Ciudad del Vaticano, 6-1-2010)

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