Thursday, April 1, 2010

¿Cómo puedo encontrar la fuerza para las decisiones valientes, y quien puede ayudarme?

Bien, comencemos con esta palabra dura para nosotros: renuncias. Las renuncias son posibles y, al final, se convierten también en hermosas si tienen un porqué y si este porqué justifica después también la dificultad de la renuncia. San Pablo usó, en este contexto, la imagen de las olimpiadas y de los atletas empeñados en las olimpiadas (cfr 1Cor 9,24-25). Dice: Ellos, para llegar finalmente a la medalla – en aquel tiempo a la corona – deben vivir una disciplina muy dura, deben renunciar a muchas cosas, deben ejercitarse en el deporte que practican y hacen grandes sacrificios y renuncias porque tienen una motivación, vale la pena. Aunque al final, quizás, no estén entre los vencedores, con todo es una cosa hermosa haberse disciplinado a sí mismos y haber sido capaces de hacer estas cosas con una cierta perfección. La misma cosa que vale, con esta imagen de san Pablo, para las olimpiadas, para todo deporte, vale también para todas las demás cosas de la vida. Una vida profesional buena no se puede alcanzar sin renuncias, sin una preparación adecuada, que exige siempre una disciplina, exige que se deba renunciar a algo, etc., también en el arte y en todos los elementos de la vida. Todos nosotros comprendemos que para alcanzar un objetivo, sea profesional, deportivo, artístico, cultural, debemos renunciar, aprender para ir adelante. Precisamente también el arte de vivir, de ser uno mismo, el arte de ser hombre exige renuncias, y las renuncias verdaderas, que nos ayudan a encontrar el camino de la vida, el arte de la vida, se nos indican en la palabra de Dios y nos ayudan a no caer – digamos – en el abismo de la droga, del alcohol, en la esclavitud de la sexualidad, en la esclavitud del dinero, de la pereza. Todas estas cosas, en un primer momento, aparecen como actos de libertad. En realidad no son actos de libertad, sino el comienzo de una esclavitud que se convierte cada vez en más insuperable. Conseguir renunciar a la tentación del momento, ir hacia el bien crea la verdadera libertad y hace preciosa la vida. En este sentido, me parece, debemos ver que sin un “no” a ciertas cosas no crece el gran “sí” a la verdadera vida, como la vemos en la figura de los santos.
(Respuestas del Papa a los jóvenes en la Plaza de San Pedro. Ciudad del Vaticano, 25-3-2010)

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